Identidad y ciudadanía: una perspectiva histórica de la Escuela Salvadoreña

Identidad y ciudadanía: una perspectiva histórica de la Escuela Salvadoreña

15 Marzo 2013 By In Investigación
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Bandera-de-El-Salvador
Dr. Gustavo Ramos Ramírez
Universidad Autónoma de Madrid

 

“Entendemos que la libertad no funciona solamente en ausencia de coacción exterior, sino más bien en la actitud que el hombre asume consigo mismo” Luis Aparicio (1967:11)

RESUMEN

Este artículo pretende mostrar hechos concretos sobre el papel de la escuela en la formación de la identidad y la ciudadanía salvadoreña. Describe  cómo a la largo de la historia poscolonial y hasta la actual, esta institución vinculante entre la sociedad plena y el Estado, ha sucumbido y soslayado en momentos particulares su función de crear un individuo capaz de desarrollar valores y principios que se establecen como fundamentales para la convivencia pacífica y armónica de una comunidad cultural determinada.
 
ABSTRACT
This article, pretends to display concrete facts of the school role in the formation of Salvadoran identity and citizen ship. It describes how through post – colony history up to our days, this institutional joint between full society and the government has diminished and detoured particular moments of their function to create an individual that is capable to develop values and principles that are established as fundaments for pacific and harmonic interactions in a determined cultural community.

INTRODUCCIÓN

Cada mes de septiembre tiene lugar un evento de gran magnitud social en relación a la identidad nacional salvadoreña. Son múltiples las actividades que se realizan para demostrar el alto sentido de estimación hacia la patria y a sus símbolos, creando fuertemente un imaginario de lo que posiblemente es la nación salvadoreña. Desde los cantones más  impertérritos hasta el complicado y agobiante sistema social capitalino, los estudiantes esperan ansiosos la llegada del día más representativo de su salvadoreñidad. Tanto los infantes como los adolescentes participan de la celebración de la independencia de Guatemala del imperio español el 15 de septiembre de 1821[1].

Pareciera entonces, que la función social de la escuela actual, en cuanto a la formación del espíritu nacional, se limita exclusivamente a la preparación de los estudiantes para la celebración del día de la independencia y la respectiva construcción de la imaginería cuasi religiosa de los llamados próceres independentistas. Aunque por otra parte, el fomento de los valores de la nacionalidad está contemplado en la Constitución[2], creando de esta forma una dualidad en cuanto al cumplimiento real de la  función social de la escuela de formar al individuo para la relación de pertenencia a una sociedad, que reclama urgentemente la concepción de la educación como medio de progreso económico y de integración social mediante la capacitación del sujeto en los ámbitos de la construcción de la ciudadanía. En primer lugar, porque formará ciudadanos razonables, con conocimientos de sus deberes y obligaciones y respetuosos del orden político y social. En segundo lugar, porque estos ciudadanos se sentirán identificados como miembros de una unidad política: una nación.

Ese sentimiento es el que teóricos pedagógicos como Rosseau planteó a forma de consejo a los polacos para evitar la dominación extranjera, por medio de implantar una educación que inculque el sentimiento patriótico profundamente en sus conciencias. Dewey, dentro del funcionalismo utilitarista también plantea lo mismo para la sociedad estadounidense de comienzos del siglo pasado, al igual que Fichte propugnando un sistema educativo alemán propio para alemanes. Por su parte, Ortega proponía una escolarización para estimular la identidad española y la confianza en la creación de una ciudadanía que permitiera salir al país de la condición de atraso en la que se encontraba en ese momento histórico. Estas son las características particulares que no se han logrado adquirir, en gran parte por el desinterés y soslayamiento de la escuela en el proceso socializante del individuo en cuanto a la formación de un sentimiento patriótico de apego a la ciudadanía salvadoreña. Esta carencia de cercanía es lo que ha permitido que el país se encuentre sumido en una grave crisis social donde las hordas y grupos de una subcultura de la violencia y enajenación muestran su carencia de interés en la armonía social con sus coetáneos y las diversas instituciones del Estado.

En el contexto anteriormente descrito, este artículo pretende explorar la relación histórica del papel de la escuela en la formación de la identidad y ciudadanía  nacional. Concretamente se lleva a estudio cómo la actuación de esta se ha limitado a través del tiempo a enarbolar la figura de los próceres patrios y el mes cívico, cuando por otra parte ha descuidado en algún momento los principios básicos de la democracia y ha ralentizado el proceso de auto identificación para luego vincularlas con el más amplio concepto de Ethos[3].

DE CONSERVADORES A DEMÓCRATAS: ORÍGENES DEL SISTEMA EDUCATIVO SALVADOREÑO

Desde sus inicios, la educación en el territorio actual salvadoreño ha tenido la función de instruir únicamente y, salvo en algún período en particular, sus objetivos han estado vinculados a formar un individuo al servicio del Estado con características propias de sujeción más que de valores sociales de convivencia e identidad nacional, que resulten en la construcción del carácter nacional. En gran parte, porque esto no ha formado parte de un plan de nación ni mucho menos de una opción de vida social a través de los años.

Para comprender mejor las palabras anteriores es necesario conocer un poco de los inicios de la enseñanza en el país. (Ver Anejo 1). En sus orígenes, la educación[4] tenía como objetivo simplemente la enseñanza de la lengua de los conquistadores, luego tuvo una función básicamente formativa, primeramente a los hijos de los nuevos gobernantes y luego a la población aborigen de estratos sociales altos. La escolarización se mantuvo bajo las características de exclusividad para los estratos de criollos y sus descendientes, aunque algunos integrantes de las clases bajas podían acceder a una instrucción básica de lectoescritura. Estas características se mantuvieron prácticamente hasta el período desarrollista y sobre todo, la primera Reforma educativa planteó la escolarización universal para todos, democratizando, para bien o mal, un nuevo sistema educativo que integraba los diferentes niveles de la escala social.

En la línea cronológica del tiempo es necesario considerar el impacto de la independencia en la escuela salvadoreña, ya que ésta influyó de una forma importante en la consolidación de la nación, especialmente al formar la clase media compuesta por funcionarios y administradores de los bienes del Estado. Con mucha honestidad es de reconocer que la escuela en los momentos inmediatamente posteriores a la independencia adoptó un rol pasivo en cuanto a la formación de la ciudadanía, del ser salvadoreño, incumpliendo lo que Aparicio (1968:22), denomina la doble función de formar y transformar. Esta holganza se apreció en el tipo de currículo predominante y el mantenimiento del sistema social parecido al de castas en donde los niveles inferiores no aspiraban a una movilidad social fruto de la formación educativa.

Durante el período conservador, la educación mantenía el propósito colonial de catequizar a la población y enseñarle las primeras lecturas, además, ésta era extensible al resto de países de Centroamérica, ya que existían convenios que compartían las secretarías de cultura. Hasta el período liberal del general Barrios se aplicaron nuevos “rudimentos” educativos, como la lectura de la Constitución a los niños en las escuelas, y la lectura semanal del Diario Oficial en los colegios (instituciones de educación media).

Inmediatamente después, el Plan Gavidia, impulsado por el escritor migueleño, pretendía crear un modelo educativo basado en la lectura de literatura especializada, entre esos libros de moral y ética, así como las leyes del país. Pero los cambios sociales y especialmente los económicos, de las siguientes gobernanzas, así como la naciente oligarquía del país, obligaron a crear otro modelo con interés en la lectoescritura y con un limitado aporte a la educación de la ciudadanía y de identidad nacional.

Irónicamente, uno de los períodos en los cuales se ha incrementado el interés del ejecutivo por la formación de valores ciudadanos e identitarios ha sido el del general Maximiliano Martínez, por medio de la Cartilla del Ciudadano, y las “lecciones radiales” para padres que se transmitían y tenían el objetivo de instruir a los padres de familia para la educación de los hijos en valores morales, éticos y la formación del carácter nacional. Así como hábitos alimenticios y prevención de enfermedades, entre otros. En este período, se instituyó la ciudadanía como asignatura del currículo, desde el nivel inicial hasta el superior. Asimismo, se incluyó la identidad como eje transversal en las asignaturas de historia, dictado, lengua española, música, lectura y deporte. La adecuación a tan variado abanico de asignaturas es absolutamente sorprendente aun en tiempos modernos. Pero estos “adelantos” educativos tenían sin lugar a dudas un componente filosófico e ideológico patrocinado por los alemanes que estuvieron presentes en la vida salvadoreña, especialmente en la etapa final del mandato de Martínez y que fueron patrocinadas por el Tercer Reich hitleriano[5].

Dentro de la línea imaginaria del tiempo el período desarrollista de los años sesenta y la Reforma educativa del 68 fue muy importante para la vida política de la escuela y de la sociedad, ya que sentaron las bases de la apertura de la escolarización universal para toda la población, inclusive hasta llegar al nivel universitario. Se permitió el ingreso a más estudiantes, formándose a docentes con una rapidez asombrosa que “hasta en los pueblos existían escuelas normales”. Ese desarrollismo educativo tuvo serias implicaciones en la calidad en cuanto a las competencias de egreso de los profesores, quienes a su vez incidieron en las nuevas generaciones de estudiantes al fundamentarse en ellos un relativismo de los valores ciudadanos especialmente en los del interés en los otros, autodeterminación, aprecio de la cultura, apego a la identidad y civilidad.

La guerra civil (1979-1992) frenó la amplitud de la cobertura educativa y la generación poblacional escolarizada en ese período  sufrió un alto desinterés en la formación de la ciudadanía como un bien común y necesario para vivir en términos de democracia. Además, esta realidad provocó un fenómeno de grandes dimensiones para el país: la inmigración hacia Estados Unidos, la cual se mantiene activa hasta la actualidad. Esta tendencia ha creado un grave cisma a la sociedad salvadoreña al introducir rasgos de una identidad foránea, rompiendo así la poca cohesión de la cultura salvadoreña que existía hasta ese período y estableciendo una nueva identidad salvadoreña que ha utilizado los valores de otras cultura y los ha transformado, los cuales en muchas ocasiones han causado un grave daño a la comunidad, como es el caso de las pandillas, pero también una versión extremista de democracia permisiva y pusilánime. El exacerbado relativismo del dinero y la supuesta facilidad de adquisición de bienes, así como el individualismo generalizado, entre otros.

Los Acuerdos de Paz, en 1992, implicaron nuevos retos en la educación para la ciudadanía, especialmente en lo relacionado a la armonía social y la solución de conflictos, los cuales se incluyeron en el currículo de forma esporádica a mediados de los noventa para luego introducirlos con más fuerza a finales de la primera década del dos mil. Los cambios se establecieron en cuanto a currículo, misión/visión de la educación nacional, la participación ciudadana, entre otros. Estas mejoras se reflejaron en el campo económico. Así, la cobertura de escolarización está prácticamente en todo el país, además, la inversión en educación ha pasado de niveles de un 1.3 % del PIB, en 1980, hasta un 3.2 %, aunque tampoco este dato se acerca al promedio latinoamericano.

A lo largo de la década del 2000 se implementaron cambios importantes y la inversión fue sistemática, pero a pesar de todos los esfuerzos, en la actualidad no existe una asignatura sobre el tema de la ciudadanía, en algunos casos existe algunos referentes sobre identidad nacional, como se aprecia al analizar los planes de estudio de los primeros grados de educación básica, también contemplados en los planes de educación media del 2008.

Como se ha establecido, actualmente existe un único referente en cuanto a formación de la ciudadanía desde la escuela, esa es la asignatura de Estudios Sociales y Cívica[6]. En ésta se hace una mezcla de ambas dando espacio a presentar diferentes matices a las problemáticas y abordar superficialmente aspectos relevantes para la formación de la ciudadanía y la identidad nacional. Adicionalmente, su aplicación no tiene carácter de eje transversal de la enseñanza en conglomerado de materias. Por otra parte, es notorio que los niveles en los cuales se da un mayor estímulo a la identidad nacional es el básico, aunque se trabaja prácticamente en todos. En el nivel inicial, la formación de la identidad y la ciudadanía es prácticamente inexistente. Aunque siempre existe la demostración de reverencia hacia los símbolos patrios y a la celebración de independencia.

ASPECTOS TEÓRICOS DE LA FINALIDAD SOCIAL DE LA EDUCACIÓN: IDENTIDAD Y CIUDADANÍA

La crisis de las sociedades modernas se manifiesta con gran realidad  y crudeza en los sistemas educativos de todo tipo de  países, aun cuando se trate de hacer de la educación un instrumento más humano que pedagógico. En algunos casos en particular, como en El Salvador, las contradicciones y paradojas que se encuentran en el medio educativo son productos de la crisis social de la educación. Mostrando así, que son el resultado de un incisivo cambio en las formas de transmisión de una sociedad conservadora, con apego a la territorialidad y a la definición de familia extendida, a otra desgarrada por la cada vez más creciente cultura de la ilusión migrante.

Frente a las profundas transformaciones de la sociedad fundamentadas en el estado de bienestar de los países ricos, el concepto de identidad y ciudadanía se ha visto vulnerado y en fuerte declive en sociedades pobres, especialmente en las centroamericanas y particularmente la salvadoreña, por su amplio historial de movilizaciones humanas. Es así que ante las nuevas macroestructuras, como globalización de la cultura estadounidense, la cultura de la inmigración, la sociedad de la información, manifestado abiertamente por la adhesión a internet y a las redes sociales, que estimulan el apego desmesurado al consumo y a un falso entramado de sentimientos de bienestar económico, la escuela está perdiendo su capacidad de transmisión del modelo de identidad y ciudadanía de forma efectiva. Concomitantemente, el rol de ésta en la formación de una conciencia colectiva a beneficio del mismo colectivo, es lo que rescata Ellacuría (1991, p.211), cuando menciona “el espíritu del pueblo representa el marco insuperable donde deben moverse los espíritus individuales, donde pueden desarrollarse los individuos de cada pueblo”.

Para lograr ese desarrollo es necesario que el ser logre trascender a través de la formación de la ciudadanía, hecho propiciado por la escuela como una de sus funciones según Dewey. Al analizar detenidamente la historia se concibe ineluctablemente el objetivo principal de la escuela en la formación de las nuevas repúblicas independientes fue la formación y consolidación del Estado liberal. Aunque como se ha considerado anteriormente, en El Salvador, la introducción del concepto de ciudadanía fue propiciado tardíamente en el período liberal con la gobernación de Gerardo Barrios. Pero, según establece Ossembach (2001, p.13), en relación a los objetivos de la escuela poscolonial, se marca claramente, que:

“Desde un principio se le asignaron a la enseñanza pública objetivos tan importantes como la instrucción de los ciudadanos en el conocimiento de los nuevos derechos y deberes individuales, la transmisión de nuevos valores que debían contribuir a la creación de una conciencia nacional y a un nuevo imaginario colectivo”.

Es así que su objetivo desde el punto de vista histórico era determinante para la consolidación de una nueva conciencia que representara un colectivo social. En tal situación, la ciudadanía puede ser vista desde diferentes ópticas. Por ejemplo, Habermas aborda la concepción de ciudadanía bajo la óptica sociológica entre una definición político-legal y otra de tipo socio-sicológica o, también llamada afectiva. La ciudadanía legal es la que se refiere únicamente a la pertenencia política al Estado. Es la que se adquiere en el momento de nacer y es inherente al ser humano y, la cual ha sido tan bien representada en tiempos antiguos por la idealización del ciudadano romano y, en tiempos modernos por el concepto deweyano de “ciudadano americano”, que nuestros compatriotas salvadoreños-estadounidenses tan bien conocen y respetan.

En cuanto que la ciudadanía socio-sicológica procede de una identificación propia y singular con un grupo nacional particular, utilizándose de cierta forma con la concepción del etnos. Esta probablemente sea la más peligrosa para los individuos nacidos en países pobres, debido a la facilidad de “adquisición” de esa nueva personalidad cultural. Especialmente, si la cercanía con el país más hegemónico del mundo es tan próxima, tanto en lo geográfico, como en lo social y económico, como es el caso salvadoreño.

Evidentemente, al hacer una relación de estos dos apartados se contempla que la utilidad de esta distinción reside principalmente en su énfasis en la doble función del Estado, ya que, por una parte otorga el derecho inherente a la pertenencia subjetiva hacia un país y, por la otra, permite al individuo sentirse parte integral de una sociedad que pueda incluir una serie de valores propios y actitudes relevantes de los ciudadanos.

Por otra parte, Herder (1959), vincula la identidad política colectiva a través de compartir una cultura común, que se construye, principalmente, por la lengua, entendiéndose ésta como vehículo de la transmisión de una serie de ideas, creencias, valores, mitos y visión de las cosas. Aspecto en particular que llevaría a crear dentro de una comunidad una conciencia común denominada “espíritu nacional”. El volksgeist, o espíritu del pueblo, establece que cada pueblo, o comunidad de individuos, tiene un “espíritu”, el cual es diferente para cada nación y lo define como las fuerzas creativas que habitan inconscientemente en cada uno y que se manifiestan en actividades propias de las comunidades humanas.

En el campo de la educación, el estadounidense Henry Giroux (1988, p.125) plantea dentro de la corriente de la pedagogía crítica que “el término de ciudadanía puede ser entendido en parte como un proceso político de construcción del sentido, como un proceso de regulación moral y producción cultural mediante el cual las subjetividades particulares son establecidas alrededor de lo que significa ser miembro del Estado-nación y, que  la escuela infunde profundamente en el desarrollo del niño, especialmente en los primeros años de vida”[7]

En tales condiciones, es comprensible que la regulación moral y la producción cultural como parte de la construcción del ser hayan sido ampliamente abordadas (Green, 1987; Del Pozo, 2000; Christou, 2010; Chávez, 2010), debido a la importancia que esto representa en la función social de la educación en los pueblos. Con un enfoque más asertivo al respecto, Escamilla (1975, p. 35), establece que “la Educación[8] es el recurso máximo del nacionalismo político nuestro porque ha puesto las bases de un gran programa de obtención de los recursos para salir del subdesarrollo”.

Pero probablemente quien logra englobar todos estos aspectos de la ciudadanía con la sociedad y su relación dentro de las funciones de la escuela, es sin lugar a dudas Émile Durkheim en la corriente pedagógica-funcionalista. Enmarcado contextualmente en una Francia republicana de finales del siglo XIX, en pleno desarrollo industrial y en una sociedad en profunda crisis debido a una creciente división del trabajo y de esfuerzos por mantenerse en ellos, así como el empobrecimiento de los ciudadanos en las provincias francesas, especialmente en la campiña sureña. Además, con los recuerdos de las guerras napoleónicas tan cercanos. En esta realidad circundante, este teorista establece una premisa que trasciende las pretensiones de los autores anteriores, al mencionar que la escuela “es el medio a través del cual la sociedad renueva de continuo los condicionamientos de su propia existencia” (Durkheim, 1975, p.106). En otras palabras, como diría Martín (2010, p.23) refiriéndose al francés: “la función de la escuela es reproducir la sociedad preservando su cohesión mediante la inculcación de los valores comunes necesarios para la cohesión social y los específicos para la posición que se ocupará en la división del trabajo”.

Entonces se puede concluir con la teorización antes expuesta que las instituciones educativas en cualquier país del mundo se explican en base a su función social, pero ¿cuál será esa función en particular? y ¿cómo adaptarla a la realidad salvadoreña? En primer lugar es necesario mencionar que Durkheim planteaba que el individuo necesita desarrollar y suscitar un número determinado de estados físicos, intelectuales y morales en su acervo de ciudadano y que exigen de él, por una parte la sociedad, como por otra, el medio ambiente particular en el que está destinado a residir. Es así que la función social de la escuela es la instrucción del individuo para su adaptación y mantención en una sociedad determinada. Esa función entonces es clave para la adquisición en los niveles primigenios de la identidad hacia una cultura en particular con sus tradiciones, idiosincrasias, folklorismos, perspectivas de vida y respeto por su medio circundante, considérese éste como la vida humana y la geografía espacio-temporal. Ese papel, función o tal vez, rol, es el eje principal de este documento, pero que no estaría completo si no se abordase su aplicación práctica en nuestra sociedad, por esa razón la última pregunta planteada al inicio del párrafo se analizará a forma de respuesta en el siguiente epígrafe.

EL CONCEPTO DE EDUCAR HOY: APROXIMACIONES A UNA REALIDAD TRANSMIGRANTE Y TRANSGRESORA

Felipe Gónzalez, (2010) ex presidente español y miembro de la comisión europea, manifiesta que el papel de la escuela en la formación de una identidad europea es innegable. Reconoce que la completa integración de Europa como un conglomerado de naciones dentro de un Estado supranacional es responsabilidad de las diferentes instituciones de una sociedad, pero principalmente de la escuela. La aplicación que ésta pueda hacer del sentimiento unánime de identidad a una nación que va más allá de las fronteras es la fortaleza que proviene de sustentación del concepto de ciudadanía arraigado en la escolarización de los primeros años de enseñanza, entiéndase éstos como el período anterior a la educación media.

En el caso salvadoreño, la escuela ha fortalecido parcamente ese concepto de ciudadanía y el de identidad se ha limitado exclusivamente a la celebración del mes cívico en las escuelas sin potenciar los valores propios de la pertenencia a un grupo social tan particular y con características propias y poco estudiadas como el salvadoreño. A pesar que en los Fundamentos de la educación[9], todos los incisos hacen referencia a la formación de la identidad y la ciudadanía nacional, aunque no existen los mecanismos socioeducativos, como ejes transversales en el currículo sobre la formación del carácter nacional, algo que fue fundamental para crear el sentimiento identitario estadounidense después de la guerra civil. Ese movimiento estadounidense de la educación del carácter tuvo su base en el modelo germánico que incluían asignaturas de civismo, de valores morales, comunidad y derechos. Además, de la inclusión de éstos en otras asignaturas diferentes como parte de las unidades didácticas. Por ejemplo, en la materia de lectura se incorporaba fábulas, máximas morales y artículos de la Constitución (MARTÍN, 2010). En el caso de El Salvador, esta filosofía educativa se implemento incipientemente en el período liberal con el general Barrios. Asimismo, el general Martínez también pretendía crear un “hombre salvadoreño” por medio de las Cartillas Ciudadanas, que enaltecían los principios cívicos y morales, además, existía una materia de civismo obligatoria para todos los estudiantes, incluidos los universitarios.

En esta investigación se ha analizado someramente los planes de estudio de los tres primeros grados de educación formal[10][11][12], de tercer ciclo y de bachillerato (citados anteriormente) y se ha comprobado que solo en el primer y segundo grado hay un contenido dentro de un bloque de ellos que estimula el concepto de ciudadanía. En tercer grado solamente hay un bloque de contenido en la asignatura de Estudios Sociales, aunque es importante mencionar que se trabaja el tema de convivencia, especialmente el de normas de convivencia en el aula, lo que representa solo una porción pequeña del concepto general de ciudadanía. Sobre tercer ciclo y bachillerato se han hecho algunas valoraciones, las cuales serán ampliadas en una investigación posterior.

Pero entonces, cómo se respondería la pregunta planteada en el final del epígrafe anterior en relación a la adaptación de la función social de la escuela a la realidad salvadoreña. Para responder eso es necesario despojarse del pragmatismo que rodea la vida social salvadoreña y adentrarse un poco en los míticos conceptos de las reflexiones pedagógicas y filosóficas que han hecho a países como China, Japón, Finlandia y Noruega estar entre los países con mayores niveles de aprovechamiento de la escolarización, tanto a nivel pragmático como ciudadano e identitario.

En primer lugar, es necesario hacer propias las palabras que la mayoría de la población escucha intensamente como parte de la sociedad cristomaníaca de la actualidad: amar al prójimo como a uno mismo. Por eso es necesario hoy más que nunca volver a definir nuevamente los objetivos de la educación. La tradición milenaria de la educación clásica y cristiana ofrece una respuesta siempre válida afirmando que el objetivo de la educación es la formación de un espíritu capaz de juzgar con libertad y de introducirse en una sociedad con responsabilidad. De una forma y otra es una contradicción pensar que la educación del individuo es solamente la reproducción ideológica, o en el caso salvadoreño la formación de competencias requeridas para desenvolverse en el campo socioeconómico, cuando la realidad circundante es más que lo que solo “hay” y se convierte en algo “público”, como establece Ellacuría (1991), en el sentido de la habitud. Esas mismas faltas de compromiso han creado una sociedad caótica, donde las hordas de las pandillas pululan creando una especie de fantasma social que amedrenta todas las capas de la sociedad. Aunque eso no dirime la responsabilidad del Estado de hacer una educación con objetivos prácticos, pero como es planteada por los griegos, entre ellos Sócrates, “la educación del hombre es inseparable de la educación cívica del hombre” (Teillet, 2010, p. 137).

También es necesario considerar las palabras de Aparicio (1967:28-29) sobre la importancia de una educación planificada, en cuanto al fenómeno que debe propiciar en la población, cuando establece: “7. La garantía de cohesión del grupo, como fundamento para el ejercicio de la soberanía nacional, y para mantener la identidad permanente consigo mismo”

Adicionalmente, dentro del aprendizaje holístico, la formación personal del estudiante debe estar muy unida a su información enciclopédica. Es notoria la baja puntuación obtenida por los estudiantes salvadoreños en pruebas estandarizadas como la PAES, Paesita y la prueba TIMSS 2007, que posicionó al país en antepenúltimo lugar. Por tal motivo, es requerido más esfuerzo para adquirir conocimientos sólidos, especialmente en a la asistencia a clases y a actividades fuera del aula, así como el alargamiento de las jornadas educativas. Por ejemplo, un estudiante salvadoreño de educación básica recibe 25 horas de clases a la semana, en comparación a las 46 horas de los japoneses, eso significa que ellos asisten casi el doble de horas por semana y solamente reciben un mes de vacaciones al año.

Para concluir es necesario considerar la situación actual salvadoreña en cuanto a los problemas de pandillas, inmigración, carencia de respeto hacia la identidad nacional, mimetización cultural, irrespeto a las instituciones del Estado y sociales. Asimismo, la fuerte desintegración familiar y el sorprendente poco valor hacia la vida y los derechos y libertades democráticos, que es la concepción real de ciudadanía. Es bajo este lineamiento que el presente estudio ha pretendido hacer una contribución al conocimiento general sobre la temática y los hechos históricos que demuestran la falta de voluntad política por algunas autoridades y que sin duda permiten comprender las palabras de Tocqueville (1980), que para toda sociedad prospere es necesario que todos los ciudadanos mantengan una idea o ideales comunes y con cierto número de creencias condicionadas por la sociedad. De tal forma, es responsabilidad del lector, profesional de la educación o admirador de ésta aportar desde su propia trinchera para fortalecer o fundamentar el amor a la identidad nacional, al país donde vive, a la ciudadanía que permite hacer hombres justos y libres.

CONCLUSIONES

En El Salvador existe un entramado filosófico, regulado por ley que establece ciertos criterios para estimular la identidad nacional y la concepción de ciudadanía entre sus habitantes, lamentablemente, se reducen estos principios a mera información que no establece vinculación alguna con la realidad curricular ni social en el ambiente del aula ni de la institución educativa.

La legislación tanto en las leyes primarias, la Constitución, artículo 55, fines de la educación; artículo 56, 57, hacen énfasis particular en la ciudadanía y el sentimiento democrático que debe caracterizar a la educación. Los artículos 62, 63, 64, referencian directamente la importancia de la identidad nacional, sobre todo la veneración de los símbolos patrios como el respeto y fomento por la cultura. Además de algunas leyes secundarias que no establecen mecanismos de aplicación a inducción ideológica en el currículo nacional.

Por otra parte, los fines, fundamentos, principios y objetivos de la educación nacional orientan la escolarización hacia el fomento de la ciudadanía y la identidad nacional, y obligan indirectamente al Ministerio de Educación a establecer mecanismos para su ejecución, pero como se ha podido comprobar al analizar los planes de estudio, éstos carecen de unidades didácticas claras, definidas y concretas sobre cómo abordar los elementos antes mencionados. Y los existentes se limitan a la convivencia en el aula, cuando la concepción es muchísimo más amplia e incluye elementos tan sensibles como son los derechos civiles.

Históricamente, las políticas educativas del país no ha tenido un interés genuino en educar para la ciudadanía a la población, salvo en ocasiones muy particulares como el Plan Gavidia que ofertaba la lectoescritura utilizando como modelo didáctico la Constitución, los intentos del general Barrios y la Cartilla del Ciudadano del general Martínez. Pero en la actualidad, se presenta una forma un tanto soslayada de educación para la ciudadanía, al enfocarla exclusivamente a las normas de convivencia comunitaria dentro del aula, la escuela o la comunidad próxima.

Es necesario crear un nuevo modelo curricular que incorpore las asignaturas de ciudadanía en los planes de estudio salvadoreños. Separando los Estudios Sociales y, creando una asignatura de Ciudadanía. También es impostergable la necesidad de insertar un entramado ideológico, tanto en la aplicación de ejes transversales, como didácticos, utilización de los recursos, libros, vídeos, internet, encaminados a la formación de la identidad nacional y la ciudadanía salvadoreña. Asimismo, la creación de otros recursos pedagógicos sobre todo extra escolares deberían formar parte del currículo nacional.

La responsabilidad del lector de este documento debe estar orientada a formar y fortalecer los conceptos de identidad nacional, viviendo los valores del ser salvadoreño y de ciudadano de un país con grandes limitaciones pero con un interés profundo en salir adelante y superar las dificultades socioeconómicas que se le presentan. Es importante reconocer que el pluralismo cultural de las pandillas, la delincuencia, la baja autoestima, establecen fenómenos problemáticos y difíciles a los que hacen educación y a los que administran igualmente, pero es responsabilidad moral de quienes decidieron hacer una actividad profesional de formación de individuos llevarlos por los senderos de la ciudadanía del siglo XXI. Y, aunque a veces se consideren incapaces de cambiar completamente su realidad, pero se comprende que poco a poco y humildemente, se puede llegar al bien supremo de los estoicos griegos sobre una educación liberal, en cuanto libera al hombre de las ataduras del hábito y la costumbre del mal, produciendo así, personas que actúen con sensibilidad y atención a los ciudadanos del mundo salvadoreño.

La inculcación de los principios y valores cívicos deberían ser una responsabilidad ética y un compromiso moral de los catedráticos universitarios, especialmente de los formadores de docentes, pero principalmente, de los docentes en los niveles iniciales y de los que trabajan con estudiantes en zonas de alto riesgo social.

Sintetizando, la comunidad educativa, o por su parte, “la educación, considerada dentro del marco de los problemas socio-culturales, ha de formar un hombre que sea capaz de orientar su propio destino para que se integre en la sociedad con suficiente conciencia de su propia personalidad colectiva y, en consecuencia, de su propia soberanía” Aparicio (1967:26).

ANEJO 1

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA EDUCACIÓN SALVADOREÑA

PERÍODO AÑO CARACTERÍSTICAS
Conquista 1524- principios  XVII Enseñanza de lengua y costumbre de los conquistadores
Colonial inicial XVII Enseñanza lectura, escritura y principios católicos a hijos de españoles
Colonial clásico Principios XVIII-1750 Apertura enseñanza de lectura y escritura a indígenas prominentes y sus hijos
Colonial medio 1750-1768 Enseñanza dirigida por la Corona  Secularización de las Doctrinas
Colonial tardío 1768-1821 Descentralización de educación en los ayuntamientos
Poscolonial 1821-1872 Administración y gestión de la educación y otras instituciones por la Iglesia
Liberalismo 1782-1880 Expulsión de la Iglesia y prohibición del ejercicio educativo a sus miembros Intentos de Gavidia de aplicar un modelo de instrucción ciudadana
Oligárquico 1885-1931 La escuela como instrumento ideológico social de sometimiento
Militarismo 1931-1944 Militarización de la institución escolar Construcción de la ciudadanía y la identidad nacional a través de la introducción al currículo
Falso desarrollismo 1944-1950 Elitización de la educación con claro predominio en la calidad educativa religiosa                                                  Predominio de asignaturas relacionadas al civismo
Desarrollismo económico 1950-1968 Interés en la tecnificación de la educación Existencia parcial de la educación para la ciudadanía e identidad nacional
Democratización de la escuela 1968-2010 Universalización de la educación Precariedad en los niveles de exigencia y tiempo efectivo en el aula                    Bajo nivel en la adquisición de conocimientos y comprensión del mundo Asignaturas bicéfalas  de ciudadanía e historia Carencia de unidades curriculares que establecieran una real y concreta identidad nacional

Elaboración propia del autor en base a información recabada para la elaboración del Diploma de Estudios Avanzados. Ramos (2010)

 


[1] Es importante mencionar que El Salvador se formó como país hasta que se emitió la primera Constitución Política, en febrero de 1841, por tal razón el autor considera que la fecha real de independencia del país es ésta y, no es la celebrada en fecha 15 de septiembre de 1821, la cual fue utilizada por los integracionistas para mantener la cohesión de los países. (Ver REYES, 1888; VIDAL 1969)

[2] Artículo 55. Título II. “Los Derechos y Garantías Fundamentales de la persona. Capítulo II. Constitución de la República de El Salvador.

[3] “Se refiere a las costumbres o hábitos humanos, aceptados al menos por la mayoría, que, globalmente, determinan el modo de comportarse y de reaccionar de un colectivo ante determinados acontecimientos que implican a todos los miembros que lo forman, posibilitando la vida en común exigible a todos ellos”. UÑA (2004)

[4] Entiéndase ésta como un proceso que requiere la participación de toda una comunidad y, no exactamente como un producto final, como se pretende establecer en los momentos actuales, al concebirla como un medio para conseguir un espacio en el mundo laboral.

[5] Existe prueba documental de los aportes del gobierno alemán a la dictadura de Martínez, especialmente en la gestión de la banca nacional y de la educación. Astilla (1977), plantea que la salida del poder de Hernández Martínez provino de este trato directo con los enemigos del Imperio americano.

[6] La ciudadanía no forma parte de las competencias que la asignatura pretende formar, especialmente en Tercer Ciclo y Bachillerato, ya que solo se limita a hacer un: “análisis de la problemática social, investigación de la realidad social e histórica, participación crítica y responsable de la sociedad” (ver  http://www.mined.gob.sv/downloads/Programas%20de%20Estudio/estudios-sociales-y-civica-tercer-ciclo_0_.pdf también, http://www.mined.gob.sv/downloads/Programas%20de%20Estudio/estudios-sociales-y-civica-media_0_.pdf)  Nótese la página 9 sobre el “objetivo de la asignatura en cuanto a la formación de ciudadanos  con visión histórica y con competencias para actuar en su entorno y transformarlo”. A pesar de esta afirmación, las competencias de salida de la asignatura no contemplan claramente los canales de aplicación. Un próximo artículo hará un análisis detallado de los planteamientos y la  relación con los contenidos curriculares de los planes de estudio.

[7] Traducción del autor.

[8] Escamilla en su libro La Reforma educativa salvadoreña, asume el rol de la educación con mayúsculas, como un proceso en el cual hay que elevar la virtudes del hombre a través de formular “metas supremas y objetivos” educativos para proyectar la sociedad hacia niveles de ciudadanía aceptables y, que tendrían el fin último de la formación de un hombre salvadoreño.

[9] Los Fundamentos de la Educación Nacional, se encuentran legislados como parte de una política educativa en la Ley General de Educación vigente. De los ocho incisos, siete pretenden crear conciencia, entre esos: inciso b) “La formación de una conciencia nacional que contribuya a la conservación de los componentes de nuestra identidad cultural y unidad social…”. C) “La formación de una conciencia moral que fortalezca aquellos valores que califican las acciones humanas como buenas…”. D) “La formación de una conciencia social capaz de responsabilizarse del planteamiento objetivo de los grandes problemas de la nación…”. E) “La formación de una conciencia política capaz de promover un sistema de vida basado en la libertad…”. F)”La formación de una conciencia histórica…”. G) “La formación de una conciencia crítica y dialógica que involucre a todos los elementos de la comunidad….”. H) “La formación de una conciencia cívica, capaz de promover y sostener las lealtades sociales y el amor a la Patria como suprema aspiración ciudadana”.

[10] www.mined.gob.sv/downloads/nuevos programas de estudio/programas de estudio para 1, 2 y 3er grado/programa-tercer-grado_0_.pdf

[11]www.mined.gob.sv/downloads/nuevos programas de estudio/programas de estudio para 1, 2 y 3er grado/programa-segundo-grado_0_.pdf

[12] www.mined.gob.sv/downloads/nuevos programas de estudio/programas de estudio para 1, 2 y 3er grado/programa-primer-grado_0_.pdf

 

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Artículos periodísticos

El País. (3.10.2010). Mucha Unión, pocos derechos comunes. Pp. 12, 13.

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Uperspectiva es una revista semestral cuyos artículos presentan temas que ponen en relieve la Ciencia y Educación en una relación estrecha y determinante para el desarrollo de un país: la ciencia como factor de cambio social y la educación como el eslabón en la cadena entre el conocimiento y su aplicación en la realidad, así pues la ciencia produce conocimiento.

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