Maestros de América                  José Martí: Autoconciencia, Trascendencia y Contemporaneidad

Maestros de América                  José Martí: Autoconciencia, Trascendencia y Contemporaneidad

02 Septiembre 2013 By In Pedagogía
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Rigoberto Pupo Pupo*

RESUMEN
El trabajo indaga y penetra en la dimensión filosófica – social del pensamiento de José Martí. Descubre cómo éste se despliega y determina en dos momentos esenciales que lo cualifican: la revelación del ser de nuestra América y la aprehensión de la subjetividad humana. Sobre la base de estas premisas, se muestra la trascendencia y contemporaneidad de la obra del Maestro, destacando la significación de su paradigma humanista emancipador y el programa axiológico que lo concreta en la búsqueda de la ley del progreso social y la humanidad del hombre.

ABSTRACT
The work researches and gets into Marti´s philosophic-social dimension of his thinking.
It shows how this is shown, and it determines two essential moments that qualifies him: The revealing of the being of our America and the apprehension of the human subjectivism. Over the base of these premises, it is shown the transcendence and contemporary essence of the Mater's work, outstanding the meaning of his humanistic emancipative paradigm and his axiomatic program that concretes in the research of the social progress law and the man's.

 

 

INTRODUCCIÓN
El pensamiento filosófico social de José Martí y sus múltiples determinaciones concretas en las esferas del saber y el quehacer práctico de Cuba y nuestra América, devino autoconciencia de la cultura de nuestros pueblos y de la época convulsa en que se dirimía su destino y su identidad.

Martí no fue filósofo de oficio, no dejó tratado alguno que lo identifique y defina como filósofo sistemático, sin embargo, hizo filosofía social con coherencia lógica y excelsa maestría y profesionalidad. Su pensamiento filosófico social acusa hondura, profundidad, solidez teórico – argumental y revelación de esencias.

La asunción de la filosofía, comprendida en su esencialidad como "filosofía de la relación", marca pautas teórico – metodológicas y abre nuevos cauces conceptual – interpretativos de gran valor propedéutico. Le aporta premisas teóricas necesarias para penetrar en la realidad en relación con el hombre, en sus diversas mediaciones y determinaciones.

La comprensión de la filosofía que Martí deriva de Krause y Hegel, como relación sujeto – objeto y, que él mismo declara que había pensado llamar filosofía de la relación, se opone a las interpretaciones unilaterales en torno a la relación recíproca. Esta intelección esencial de un problema capital cosmovisivo, lo dota de un enfoque adecuado para asumir con racionalidad la realidad social, el hombre y la subjetividad humana; aspectos estos donde el Maestro, combinando misión y oficio, trasciende en cuanto a creación se refiere.

A Martí le interesa sobre todo el hombre en estrecha vinculación con la naturaleza y el universo social en que se despliega como lógica y providencia de la humanidad. Busca la ley del progreso humano, de su ascensión y trascendencia, a partir de un sentido de lo real e histórico como proceso aguijoneado por un ideal patriótico de redención que lo dirige al concierto histórico y dramático en que transmita la sociedad.

Su obra, tanto en verso como en prosa, es trascendente porque parte de las raíces y da cuenta de ellas. De aquí emana su vigencia social y contemporaneidad. Penetra en el ser existencial de nuestros pueblos y lo anima a una perpetua vocación de universalidad, nacida en su trepidante vida, para quien la patria resulta agonía y deber. Sin estos presupuestos, a mi criterio, no es posible comprender la esencia del pensamiento filosófico social de José Martí y su quehacer revolucionario y renovador.

Hay un ideal ideopolítico que va prefigurando y conformando su pensamiento y su obra. Es un hilo conductor en torno al cual se estructura una obra fundadora que concibe el quehacer humano social, como empresa cultural de las grandes masas. Por eso piensa la realidad a partir del prisma del hombre y su actividad transformadora, y de aquí deduce los atributos cualificadores de la subjetividad humana en su ascensión progresiva.

El pensamiento filosófico social de José Martí adquiere diversas concreciones en la literatura, el arte, la crítica literaria, la política, la ética, en fin, en sus concepciones culturales. Sin embargo, existen dos determinaciones concretas que lo integran sintetizan y definen. Me refiero a: 1) La revelación de nuestra América; 2) Al despliegue de su pensamiento filosófico – social, en la comprensión y tematización de la subjetividad humana, incluyendo la axiología, en tanto núcleo fundante y los atributos cualificadores, en que devine el movimiento socio histórico cultural.

El paradigma martiano y el ideal de racionalidad que le es consustancial tienen su primera concreción en la revelación de "Nuestra América", cuya expresión sintética se encarna en el ensayo homónimo del maestro. Esta obra, resultado de todo un proceso de desarrollo del pensamiento de Martí, deviene lógica, conciencia histórica y más aún autoconciencia de nuestra América, de su cultura, en la más amplia acepción del concepto. México, Guatemala, Cuba, Venezuela y otras realidades nuestras estudiadas por José Martí, incluyendo los Estados Unidos, constituyen el objeto central, en torno al cual el pensamiento filosófico – social, de José Martí, se desenvuelve y concreta, hasta afirmarse como autoconciencia o "ser consciente" de las realidad de nuestra América, y la razón de su identidad y autoctonía propia.

A partir de un discurso, en verso o en prosa, pero capaz de ver con las palabras y hablar con colores, con un estilo que en el decir de Sarmiento, "en español no tiene igual, a la salida de bramidos de Martí", el maestro penetra en la realidad americana consiente que solo lo genuino es fructífero y que la América nuestra es la esperanza de la humanidad.

A ella se orienta con pupila crítica, a revelar su ser existencial, su grandeza, exuberancia y valores, que es al mismo tiempo rescatar su memoria histórica, su confianza en sí misma, en fin, su identidad como fuerza fundadora, catalizadora de energías y creación para realizarse como pueblo libre y prospero en el concierto mundial de las naciones.

El discurso Martiano, siempre ascendiendo de lo particular a lo general, para alumbrar con síntesis, lo cotidiano, lo natural, hasta acceder a las ideas más altas y los conceptos más sustanciales, muestra todo un estilo. Lo político, lo ético, lo estético superan sus especificidades propias para integrarse a una totalidad de dimensión cultural unitaria que irradia razón y sentimiento, ciencia y conciencia oficio y misión.

Al margen de estas premisas, sin conocer el estilo de Martí su siempre permanente visión auroreal, su constante proyección humana del ser al deber – ser, su imaginación creadora, su anticipación a lo porvenir y sus utopías, a mi criterio, se hace imposible la comprensión de la obra renovadora y revolucionaria de José Martí incluyendo su pensamiento filosófico en la revelación de nuestra América como empresa cultural de las grandes masas.

Martí es un hombre de pensamiento y acción, un maestro, un artista con talento, pero sobre todo humanista revolucionario, afincado en la ley del progreso humano, y esclavo del deber patriótico para redimir a su patria ultrajada. Esta totalidad de momentos – que no son pocos- en un solo hombre, cualifican y definen un estilo propio de hacer filosofía, de reflexión teórica y de aprehensión de esencias.

La mayor parte de la obra martiana se funde en la revelación de "Nuestra América. Dar cuenta de su historia su política, cultura, sus "hombres naturales" y sus almas henchidas de creación y proyección humana, es una tarea recurrente del discurso. Para ellos Martí, en correspondencia con la espiritualidad que anima su existencia y su proyección, y con su estilo propio, hace gala de erudición, dominio idiomático, poderío de síntesis e imaginación creadora.

Martí – escribe Manuel Pedro González – es un escritor proteico rico en valores poéticos y complejos a quien es necesario leer y meditar mucho para comprenderlo cabalmente. En Martí se descubre no un estilo, sino una serie o variedades de estilos que en vano buscaríamos en otros escritores hispanos, pero todas las formas que en prosa y en verso cultivó tiene tres denominadores comunes: todos son interesantemente personales y están indisolublemente ligadas a su idiosincrasia y su pensamiento, es decir, a su vida; en todas prevalece una portentosa riqueza tropológica-símbolo, símiles, imágenes, metáfora, sinestesias, etc.-, que es necesario saber interpretar... y por último, en todas las expresiones estilísticas por Martí, empleadas, se advierte un elemento que solo se dan en escritores de máxima talla ética y estética. Refiérome a la dimensión subjetiva que tanto añade a su léxico y formas expresivas, que tanto lo ennoblecen y singularizan. Hasta en su originalísima puntuación se descubre este valor fundamental. Con estilo consiste en el empleo subjetivo del lenguaje, como lo definiera Elice Rychter, Martí se nos aparece como el más original y vigoroso creador de estilo, no estilista, adviértase bien de nuestro idioma.

En este sentido, el pensamiento filosófico y social de Martí tiene formas sui géneris y específicas de determinarse en el discurso. Su modo peculiar y personal con que piensa la realidad, la riqueza antropológica en que se expresan (imágenes, símbolos y metáforas, etc.) y la forma subjetiva que tanto agrega a su léxico y expresiones, no obsta en modo alguno para restar valor a su vuelo teórico – conceptual, a la naturaleza cosmofísica y metodológica de su discurso en suma a la dimensión filosófica de sus pensamiento.

El pensamiento de Martí Funda penetra en las esencias y trasciende no solo por las riquezas expresivas y estilísticas, sino además por su fuerza lógico – conceptual y metodológica.

A cada página –refiere Claude Bochet-Hure, en "Las Ultimas notas de viaje de José Martí" -, se encuentra en él esas reflexiones de contenido general y absoluto que tienen en el aire de proverbios en potencia. Sacar de un hecho particular conclusiones generales es en Martí una verdadera necesidad, una reacción tan natural que parece un reflejo.

Su pensamiento filosófico social, encarnado como autoconciencia del ser de nuestra América y de su cultura, posee un carácter sintético – integrador. Es un ideario, una lógica concentrada de ideas y conceptos en torno al hombre y la realidad social latinoamericana. Las imagines –muy propias de su estilo-, además de ser destellos de su imaginación y sensibilidad creadoras, emanadas de la realidad y la actividad social, son ideas aprehensivas de la razón que capta esencias. Ideas que en su contenido integran en síntesis conocimiento y valor y en el discurso siempre impregnan y desplieguan espíritu cogitativo y filosófico porque revelan esencias en el devenir humano.

Esencias que no resultan de poner como a priori las ideas de las cosas, sino las desvela y descubre porque las ideas, en Martí, dimanan de la realidad en relación con el hombre.

La revelación de Nuestra América en el pensamiento filosófico –social de Martí, no se reduce solo a fijar la memoria histórica, a descubrir la fuerza telúrica de identidad, sino además a desvelar todo lo que se opone a su realización efectiva. Tanto lo interno –el caudillismo, el mimetismo –como lo externo – el imperialismo que acecha –son descubiertos por Martí, como antítesis del ser esencial de nuestra América.

La obra martiana es fundadora y paradigmática. Vio donde mentes preclaras no vieron. Previó y proyectó soluciones reales hasta donde le fue posible. Fue hombre de su tiempo por ello de todos los tiempos. La revelación de "Nuestra América" trasuntada en autoconciencia de su cultura, en Martí no llega a ser acto contemplativo, sino fuerza catalizadora de amor, lucha, energía creadora y dignificación humana, La búsqueda incesante del "hombre natural", del "alma viva", del espíritu del pueblo, de la revolución necesaria, da sentido a su existencia y a su bregar creador, y en esta dirección el problema de la subjetividad humana y sus atributos cualificadores, incluyendo lo valores, constituyen determinaciones concretas de su pensamiento filosófico social.

En el pensamiento de Martí y esto por supuesto le impregna transcendencia contemporánea y vigencia social futura –abundan las utopías, el sueño, esto es muy propio de hombres de su talla su vocación revolucionaria asida a la realidad y convencido de la ley del progreso humano, hace de las utopías, proyectos viables a realizar por los hombres para ello, asume al hombre como sujeto, penetra en su subjetividad, entendida no como una estructura aislada del mundo y a la sociedad regida por procesos introspectivos, sino como entidad social que compendia y sintetiza la humanidad del hombre en sus dimensiones Gnoseológico – cognoscitiva axiológico – valorativa, práctica y comunicativa. Todo en un proceso único que vincula en unidad indisoluble sentimiento y razón, ciencia y conciencia.

Conocimiento, valor y práctica en el discurso de Martí, tematizan una unidad de tal coherencia y organicidad, que las partes se superan en la totalidad para emerger como identidad en la diferencia. Por eso es fácilmente comprensible revelar la racionalidad –sin necesidad de buscar idealismo u otro ismo –de sus tesis, según la cual "no hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados"

. La subjetividad humana en Martí comporta y deviene, como valores, conceptos, ideales e ideas, etc. Pero no ideas hipostasiadas de la realidad y la acción del hombre, sino como aprehensión práctico –espiritual. Su fuerza enérgica reside en concentrar en sí conocimiento, valor y acción humana, así como el desplegarse intersubjetivamente en la comunicación hasta legitimarse en "cuerpo y alma" en el pueblo como "trincheras de ideas" como armas de combate.

Esta concepción permea a todas la obras Martianas. Su cosmovisión idealista objetiva –que a veces algunos soslayan por prejuicios, para no "opacar" al maestro-, no disminuye en modo alguno racionalmente a su discurso socio histórico cultural. Su comprensión de la historia, la política, la cultura, la sociedad y la subjetividad humana, parte de premisas reales. En él, el hombre es lógica y providencia de la sociedad, es sujeto del devenir histórico –cultural y agente creador de su propio destino, en relación estrecha con la naturaleza y el entorno social. El senso –racionalismo en que encauza su epistemología siguiendo la tradición cubana, aborda las cosas, la realidad, como fuente del conocimiento y con ello deviene antítesis de todo subjetivismo y apriorismo gnoseológico.

La comprensión martiana de la subjetividad humana es sugerente y trascendente porque abre nuevas vías de acceso en los marco del pensamiento cubano y de nuestra América. Con razón Mirta Aguirre, refiriéndose a la polémica de Museo de Guanabacoa en torno al idealismo y al realismo en el arte, establece un paralelo entre las tesis sobre Feuerebach de Marxy la defensa de la subjetividad que hace Martí, en el sentido de que no reduce la acción humana a la simple reproducción de la realidad, sino que la concibe en su dimensión creadora, con tola la inspiración y la imaginación que le es consustancial al sujeto en la aprehensión de la realidad que integra como su objeto.

Al carácter contemplativo del "Naturalismo" positivista Martí opone su concepción del hombre como sujeto activo, creador, es decir, la su festividad humana en su diversas determinaciones. No solo a la crítica se reduce a la contemplatividad, sino además al gnoseologismo cintifista que profesa y propaga el positivismo. En la concepción del maestro la subjetividad humana no implica solo razón, conocimiento, sino además valoración, sentimiento, acción práctica, pues al hombre no solo le interesan qué son las cosas, cómo revelar la verdad, sino también para qué les sirven, en correspondencia con las necesidades e intereses que quiere satisfacer y realizar.

En este sentido, Martí anticipa en nuestra América la batalla anti positivista que tiene lugar en pleno siglo XX americano por eminentes representantes de la filosofía y las ciencias sociales por supuesto, sobre las base de otras premisas y condicionamientos. Martí comprende e integra la subjetividad humana en totalidad social. No reduce sus atributos cualificadores a la conciencia pura para derivar esencias en sí mismas y operar con ellas. En su concepción "¡con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan los pueblos!" "Con todos, y para el bien de todos" según Martí, no es una simple consigna, su realización, reside en nuestra fuerza de idea y de acción, en la virtud probada que asegura la dicha por venir, en nuestro tamaño real, que no es de presuntuosos, ni de teorizantes, ni de salmodistas, ni de melómanos ni de cazanubes, es que Martí no es pensador expectante, que encerrado en el gabinete teoriza sobre el hombre y su subjetividad. Es un hombre comprometido con su tiempo, sus circunstancias y su patria. Por eso en sus discursos, la subjetividad humana, con todas sus mediciones y determinaciones se inserta en la cultura de las grandes masas como espíritu del pueblo, como fuerza movilizadora de energía creadora, de cambio y transformación.

La concepción Martina de la subjetividad humana, determina y concreta su pensamiento filosófico social. En ella, la razón, sentimientos y acción, constituyen una unidad de momentos inseparables, sobre la cual se estructuran y devienen los atributos cualificadores de la subjetividad humana: conocimiento, valor, comunicación y su mediación practica, como un todo único indisoluble.

Martí comprende la subjetividad como unidad y le confiere contenido concreto, porque en el expresa esencialidad humana en su despliegue histórico –cultural. Es proceso y resultado de ascensión del hombre en el camino de la historia y su cultura, En él la progresión humana adquiere el status de la ley, que realiza el hombre con conocimientos de causa y fines concretos.

Si bien en Martí los elementos estructurales de la subjetividad humana se subordinan a la totalidad como unidad, él dirige atención especial al componente valorativo (valor, valoración), en tanto ser que existe para el hombre. De aquí que la axiología ocupa un lugar central en sus cosmovisión filosófico social. En todo el pensamiento del Maestro, de una forma u otra, subyace un fundamento axiológico.

Las causas dimanan fundamentalmente del hecho que el problema del hombre constituye el núcleo central de su pensamiento filosófico- social. "Eso- escribe Medardo Vitier- La naturaleza humana. Su modo de comprenderle, es la que late en toda obra de Martí . Esto no niega su amor a la naturaleza a la cual rinde culto, pero en relación con el hombre y en función de él".

En la vasta obra Martiana- tiene por centro el hombre- domina un sentido de futuridad que guía una perpetua tendencia hacia el deber- ser, como progresión y perfección humana. Precisamente eso es motivo central que anima y hace trascendente y siempre contemporáneo su obra, encuentra causas idóneas en lo valores, en tanto define y expresa con mas sustancialidad la naturaleza humana, el verdadero sentido de la vida, en fin, la humanidad del hombre y su devenir progresivo.

El discurso de Martí en prosa y verso transita por la multiplicidad de valores en que se realiza la esencia humana, sin embargo, establece niveles jerárquicos en cuanto a asunción se refiere. Asume con más fuerza los que en su criterio contribuyen más a fijar lo verdaderamente humano, los que permiten con más eficacia dar vigencia social a la humanidad del hombre. En esta dirección hay primacía de los valores ético –morales y estéticos en la obra martiana. Y esto es así en tal medida que si todo el pensamiento de Martí tiene un fundamento axiológico la misma axiología se funda en valores de naturaleza ético –moral y estético. En Martí –si se lee su obra con detenimiento y se aprehende el espíritu que la anima –resulta fácil comprender que no concibe obra humana alguna, al margen de la bondad y la belleza. Esto responde a una concepción muy profunda del hombre como ser cultural –humano que realiza y proyecta en la sociedad, cuya legitimidad llega a ser su misma obra.

Para Martí, toda obra que forje y despliegue humanidad resulta verdadera, buena y bella, y adquiere trascendencia y vigencia social, porque es genuina y en su concepción filosófica solo lo genuino fructifica, lo demás carece de permanencia, es efímero, pasajero; no encarna el cuerpo de la cultura.

Si ciertamente en la obra martiana no existe una teoría axiológica sistematizada, su concepción de los valores está lógicamente estructurada, posee coherencia orgánica interna y todo un sistema de categorías centrales y operativas, con que fija y compendia las múltiples aristas de la humanidad del hombre. Sin embargo, lo más sobresaliente –en mi criterio – de la axiología Martiana es el modo cómo determina los atributos cualificadores de la conducta humana. En primer lugar porque soslaya el carácter entelequia y apriorístico de las categorías que demoran valores, la desintrascendentaliza, les suprime el carácter cósmico, para calificar conductas humanas reales en el trabajo, en la guerra, en la vida en la poesía, ect. En segundo lugar los artículos cualificadores los inserta en la cultura, como realidad humanamente social. En tercer lugar, el carácter primado de los valores, ético – morales en tanto determinación primaria de la humanidad del hombre. En cuarto lugar la estrecha vinculación que establece entre lo ético y lo estético, hasta constituirla como fundamento del hacer humano y condición necesaria para su vigencia social, y por último la identidad entre lo ético y lo político a partir de considerar la política, como empresa cultural de las grandes masas.

En este mismo contexto de análisis y discernimiento de la axiología martiana es necesario enfatizar cómo los valores en Martí tanto en su concepción teórica como en su despliegue práctico, están penetrados por el conocimiento, la explicación y la reflexión personal. No son una simple captación de vivencia, intuitivamente como a veces se le quiere atribuir al maestro, sino instancia conceptuales bien pensadas para proyectar lo que se busca y quiere afirmar en el hombre.

Precisa mente, la trascendencia de su obra fundadora reside en gran medida en sembrar y cultivar utopía en los valores humanos los cauces necesarios para su acercamiento a la realidad. Valores humanos en la razón y los sentimientos y no en revelación inmediata al margen del sujeto que valora porque actúa conoce y se comunica con los demás en la sociedad.

Hay en Martí un corpus idearum muy propio y especifico, a través del cual piensa al hombre y a la realidad la axiología, integrada en él como si núcleo deviene cauce cultural de realización social, pero no como patrón inmóvil al margen de las tradiciones culturales concretas, sino como modelo que norma y regula insertado en la cultura propia. Por eso su filosofía social se constituye como autoconciencia de nuestro pueblo. Pero antes su hacer fundador se afincó en la revelación del ser esencial de nuestra América, incluyendo su memoria histórica, la idiosincrasia del hombre americano y del cubano en particular. Él, el maestro, esta consiente que la humanidad del hombre que busca la identidad humana, solo es posible por medio de la realización cultural de los valores, incluyendo los ideales que incitan la acción humana.

La asunción Martiana de los valores en sus cauces culturales la realización impregna a la concepción historicidad, carácter procesal, concreción y vigencia social. Con ellos Martí sienta una primicia esencial: la necesidad de afincarse en las tradiciones culturales como medio de encauzar los valores hacia su encarnación real como norma de conducta y de convivencia humana o social. Estas ideas Martianas, aunque no siempre explicitas, pero subyacente en su obra, en su discurso, en su espíritu general, requieren de reflexiones profundas.

Al mismo tiempo su concepción de valores dimana del propio espíritu dialéctico que lo anima, lleva implícito su constante superación en correspondencia con nuevas mediaciones, condicionantes y determinaciones que tiene lugar en su proceso evolutivo. En su etapa de madurez a finales de la década de los 80 y el primer lustro del 90 del siglo XIX en la medida que transita del liberalismo radical al democratizo revolucionario antiimperialista y penetra más profundamente en el terreno de las clases, su concepción de la subjetividad humana, la axiología y sus atributos cualificadores llega a ser más concreta: asume nuevas mediaciones, establece diferencias especificas, y el discurso sistematiza con nuevos matices. En fin su radicalización política marcará nuevos derroteros de vital importancia, tanto desde el Angulo propedéutico como heurístico, en el abordaje, búsqueda y solución de los problemas.

Es indudable el carácter fundador de la obra Martiana. Su obra se funda y emerge como autoconciencia de una época y una cultura en transición constante. Ella misma lleva en sí el tránsito perpetuo hacia nueva cualidades de la sociedad. Concreta en su síntesis tradición, historia y cultura, para abrirse con fuerza indetenible, hacia la contemporaneidad. Como obra de su tiempo no dio solución a todos los problemas emergentes, pero abrió nuevas vías de aseso, convocación de universalidad y visión auroral abrió camino al andar a las sucesivas generaciones. Con su consecución de todo el devenir humano social como expresión cultural al andar como magna empresa de las grandes masas, y en particular de los pobres de la tierra, su idea de racionalidad sentó nuevas perspectivas y causas de realización efectiva.

CONCLUSIONES
En los momentos actuales, cuando el escepticismo histórico cunde y pulula en la arena internacional, cuando no faltan los intentos de negar la historia, la cultura, la tradición, la memoria histórica la razón, lo proyectos de emancipación social, la revolución y el progreso, la racionalidad se impone como necesidad preservar no solo la identidad nacional, sino también de identidad humana. En tales condiciones el paradigma martiano y el ideal de racionalidad que le es consustancial adquiere más que nunca contemporaneidad y vigencia social.

Notas
1. El libro de Zaira Rodríguez: Filosofía, ciencia y valor, Editoral de Ciencias Sociales, La Habana, 1985, constituye una contribución necesaria en la compresión de la especialidad del saber filosófico en general, así como para discernir la naturaleza filosófica de discursos particulares como es el caso de José Martí.

2. "... El hombre –según Fidel Castro- no puede renunciar nunca a los sueños, el hombre no puede renunciar nunca a las utopías. Es que luchar por una utopía, es en parte, construirla. Martí- continua el Comandante en Jefe-* decía también que los sueños de hoy son realidades del mañana y nosotros, en nuestro país, hemos visto convertidos en realidad..." (Fidel Castro: Un grano de maíz. Conversación con Tomás Borges, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992, p. 302).

3. En ocasiones esto lleva a algunos estudiosos de Martí, a ubicarlo como "idealista practico", no sin razones y argumentos. Pero todo encasillamiento generalizador trae consigo muchos riesgos. Del hecho que Martí en su cosmovisión filosófica general atribuye primacía a lo ideal, no se puede deducir automáticamente idealismo en sus concepciones histórico – sociales, en la intelección de la subjetividad humana incluyendo conocimientos, valor y práctica, Es que Martí parte de lo singular, de la realidad para llegar a conclusiones generales, y sus expresiones lógicas emanan de la realidad en diálogo perenne con la actividad de los hombres, y seguido de los acontecimientos. Su teoría y praxis política lo atestiguan.

4. Entiéndase "belleza" como categoría de la estética y en su connotación filosófica.

5. Por supuesto la elegancia y exquisitez expresivas de un artista de la palabra, no es causa para restar valor conceptual a la axiología martiana, si tenemos en cuenta la especificidad del saber filosófico, que en tanto aprehensión practico – espiritual de la realidad, integra en síntesis lo cognoscitivo y lo valorativo.

6. Este concepto, esencial, para revelar la obra martiana y aprehender su mensaje y misión en toda so concreción y trascendencia a veces soslaya o no se explica. En parte – y con esto no pretende dar lecciones de erudición – se debe a la ausencia de un estudio integral, capaz de subordinar momentos y partes al todo, y no se niega las grandes contribuciones hechas por estudiosos cubanos y extranjero en esta empresa.

7. El tratamiento de este problema, si bien resulta necesario, rebasa los límites de los objetivos propuestos, en función del tiempo que se dispone, además en esta dirección existen valiosos aportes y contribuciones por especialistas cubanos.

8. Sobre esto ver Isabel Monal: José Martí: del liberalismo de democratísimo antiimperialista, en "Cuatro intentos interpretativos, Cuadernos, H.C. Sociales, profundo sobre la evolución del pensamiento político del Maestro y las consecuencias que se desprenden para sí pensamiento filosófico en su totalidad."

REFERENCIAS
1. Manuel P. González, "Aforismo o definiciones, o la capacidad sintética de José Martí, Anuario Martiano No. 4, Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1972."
2. Mme. Claude Bochet-Hure, "Las ultimas notas del viaje de José Martí. Algunas observaciones sobre su estilo", Anuario Martiano No. 1, Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1969.
3. José Martí "Nuestra América", Obras completas, t.6, Editorial Nacional de Cuba. La Habana, 1963.
4. Ibíd., t.4
5. Medrano Vitier, Martí: estudio integral, La Habana, 1954.

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